“La iconografía religiosa Panameña se ve enriquecida con la obra de Antonio Imbert, quién en la búsqueda de un lenguaje estético personal explora la expectativa del hombre contemporáneo ante su propia realidad mística ante la religión de hoy. ¿No es la forma, el pretexto para explorar la propia religiosidad? ¿Y no es el artista quien mejor ilustra el sentir del mundo contemporáneo? Vemos en Imbert la búsqueda afanosa y honesta del artista auténtico y auguramos un futuro prometedor para tal emprendimiento.”
Roberto Fajardo,
Pintor y Catedrático,
Universidad de Panamá.
En ese afán de expresar ese doble sentido de la vida, hace uso de múltiples recursos visuales, desde el doble remarque de la imagen, hasta la delimitación de un entorno geométrico en el cual la vegetación se proyecta en dos direcciones. Juego de formas y sentidos que contribuyen a la construcción de un “relato” que está presupuesto en el mismo contexto figurativo.
En este juego de vida-pasión-muerte el artista conjuga la secuencia visual de la imagen con el propósito de sugerir el movimiento, con la suspensión de la imagen en un espacio indefinido. Movimiento y ascensión que en cierta forma remeda la historia / mito de la otra pasión.
Pedro Luis Prados S.
Crítico de Arte.
Panamá, 2001.
“…Capítulo aparte merecen los trabajos que nos acercan
a los “nuevos” planteamientos que sustentaría desde ya
su nueva obra y que expone junto a estos. Son extremidades de una misma figura
religiosa “Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, de excelente
factura y desde ya, un evidente avance en Imbert.”
Agustín Del Rosario,
Crítico de Arte.
Extracto de artículo publicado en
en diario "El Panamá América",
Sección Diorama,
29 de septiembre de 1996