“Antonio
Imbert es tal vez, el único pintor Panameño que cultiva simultáneamente
la pintura religiosa y la pintura surrealista. Y ello es así porque
éste joven pintor y músico Panameño es un ferviente católico
y a la vez un muy competente saxofonista profesional.
Si unimos a todo esto una vista a su estudio, advertimos allí alguna
pintura que representa una pierna solitaria (seguramente de Jesús),
con un pie escorzo que atravesado por un clavo, parece acusarnos de algún
pecado universal, tan grave como el original de Adán y Eva.
En otro cuadro, una media de nylon color carne cuelga de un alambre de tender
ropa y conforma la vista recorre su extensión, la media se metamorfosea
en un brazo cuya mano está atravesada, nuevamente por una delgada rama
llena de espinas.
Lo importante en la pintura de Antonio Imbert, me parece a mi, es que su realismo,
pintura religiosa o lo que sea, este pintor y músico Panameño
maneja los pinceles, la composición y la mezcla de colores con la misma
alta técnica profesional que usa para tocar el saxofón y otros
instrumentos de la familia de los viento-metales y viento-maderas. Y tal vez
esto sea lo más importante en un artista que, como Antonio Imbert,
se desplaza cómodamente entre el arte creativo y el arte interpretativo:
el dominio de la técnica que, a fin de cuentas, le permite a él
expresarse sin problemas de cómo ni porqué hacerlo.”
Eudoro
Silvera
Pintor Panameño.
Panamá, 2001.